sábado, 25 de agosto de 2012

Otra perspectiva


Odio los días soleados.
Son días pobres, donde la excesiva luz hace que todo lo real desaparezca, y todos los defectos se vuelvan mentira.
Donde el amor parece mejor pero es igual de tonto.
Las personas se ven felices juntas pero mueren de soledad por dentro.
¿Puede el dolor anestesiarse con un simple cielo azul?
El sol no ofrece desafíos.
La luz engaña más que la oscuridad.
Solo sirve para que los felices muestren su satisfacción y los tristes disimulen su envidia.
Sin las nubes todo parece un patético sueño de cuento de hadas.
La luz miente.
La lluvia alivia.
Desafía a la realidad, la muestra y la enfrenta.
Las personas entienden la imperfección, el dolor.
No hay forma de encubrir los problemas como bajo el brutal resplandor del sol.
En la lluvia se presenta la cruda verdad.
La indiscutible libertad.

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