viernes, 29 de junio de 2012

Ser y no estar


Me repito que el amor mueve montañas, pero, ¿para qué moverlas si están bien donde están?
Somos la paz de los acolchados del mediodía.
Formamos parte del licuado más puro de rechazo y compasión.
Los dos igualmente imperfectos, inelegibles.
Si me ves inalcanzable es porque no subiste lo que yo bajé. No conocés.
Hoy: indestructibles. Mañana: vapor.
Fue la densidad del aire que nos desencontró. Fueron tus límites y los míos.
Somos la brutalidad de los diamantes. Brillamos de ausencia y de resignación.
Las sábanas de la siesta, las sogas de esa noche de angustia.
Miro y memorizo los límites que nunca voy a cruzar. Los aprendo para decirle al mundo que sí los atravesé.
Seamos incorrectos.
Seamos borrachos.
Seamos locos.
¿Qué importa el color del cielo si la lluvia nos hace inmortales? No hagas locuras, me dije, aprendé a querer lo que sos y lo que hacés.
El esmalte sirve de acuarelas en una noche desesperada. Y prefiero golpear la pared. No más sangre. Al menos por hoy.

-PPA

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