domingo, 8 de abril de 2012

Arrebatada


Siento el viento en mi cara. Pelo y humedad se enredan en mi cuello. La sangre se acumula en mi cabeza. Voy a estallar. Sólo veo líneas grises, desdibujadas, veloces, que se pierden detrás de mí. Los vidrios espejados de los edificios dibujan manchas luminosas en mi piel. Es un día soleado, radiante, perfecto. Azul. Celeste. Parece casi sacado de contexto. Siento el olor a nafta quemada de los autos, que cada vez se acentúa más y se mezcla con el olor a frito del restaurante  de comida china de la otra cuadra.
La decisión está tomada. Ya no hay vuelta atrás. Me siento tan viva. Al fin fui impulsiva. Al fin me jugué por algo. Era hora. Siento el mundo a mis pies. Mis pies con las uñas gastadas que se pierden en el aire. Ya no hay dudas: dejé que el amor se metiera en mi cuerpo. Me siento poderosa. Intenté todo. Hice lo imposible para que no entraras en mí, para que no te apoderaras de mi mente, de mi razón. Pero lo hiciste.
¿Me vas a atrapar?  ¿Vas a estar ahí abajo esperándome, ansioso porque aterrice románticamente en tus brazos? Ojala hayas viso a través de mis muros. Esos mismos muros que quizá se lleven mi vida y no me la devuelvan nunca más.
Atrapaste mi alma, y con un solo abrazo sentí que flotaba. Que me despegaba de la tierra. Emergía. Pero ya no floto. Estoy cayendo a pique, cada vez más cerca del cálido pavimento. Puedo estallar en mil pedazos. Puedo meterme en tu cuerpo para siempre. Nunca encontré una razón justa para que me ames, y creo que es más fácil que me dejes caer.
No veo imágenes fugaces de mi vida. No es como dicen las películas. Ahora me siento sola. No veo nada. No veo absolutamente nada. Dudo. Me angustio. Las lágrimas se asoman otra vez. ¡Esto es tan difícil! Tal vez me equivoqué. Me precipité. No, esto no es lo correcto. ¿Qué hice? No te veo abajo. No estás. Seguro no estás. ¿Qué estaba pensando? Dios mío. Ya no hay tiempo. Se me fue de las manos.
Veo gente mirándome. ¿Estarás ahí? Te extraño. Te extraño como siempre. Como nunca. Grito: “¿Estás ahí?”. Suena desgarradoramente inútil. No escucho nada. Los oídos detonan en mi cabeza. Y lloro. No paro de llorar.
Ya está. No siento nada. Ya no se si me atrapaste. No se si me dejaste caer. No se nada. Puedo estallar en mil pedazos. Que imbécil fui. Te extraño.

-PPA

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